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Jim Pluk. El hombre de todos los colores
Martes 26 de Mayo, 2015


Jim Pluk. El hombre de todos los colores



Por. Andrés Felipe Yaya




JimPluk. Sus dibujos rápidos, plegados con fino humor, donde la línea es más pronunciada que el color, fijan un día en un trazo. La sensación de la línea, su acento sordo, con suavidad, va retractando la realidad: bebe de ella como la grulla, irritante y vigorosa, bebe del sol para convertirse en largo chillido. Relampagueantes, sus personajes se presentan, con un aire contestatario, en el papel. Jimha creado un lenguaje de líneas, con un ácido secreto, que en las formas opera una metamorfosis. El trazo, grueso, se conserva.La línea, nota musical; el dibujo, acordes de un violonchelo.Del alba a la noche, las manos de Jim, de tiempo en tiempo, bajo un ritmo de eternidad crean, pintan, recortan.Él reflexiona acerca de la realidad, sueña más allá de las nubes. Parece, en sus trazos, que vigila las cosas cotidianas, aplica su vista en el corazón de la ciudad, con madera de artista. Palmo a palmo, recorre las calles, cazando sensaciones que, para él, conserva en la memoria y en largas noches recrea en dibujos.

Pluk, experimenta todas las formas plásticas: cómic, collage, pintura, dibujo, murales, fotografía. Una a una, va buscando signos, va retractando, con fidelidad, las costumbres. En “Tumaco” cuyo guión está escrito por Oscar Pantoja, traza la geografía del Pacífico, cercano siempre a la sencillez: personajes de piel oscura y paisajes de agua. Pluk, a través de trazos inocentes, moldea un humor negro donde nada queda oculto bajo el sol. Juega con las formas al estilo de Ricardo Rendón, trazos exagerados y precisos, ligeros y escasos. Pluk, acaba en crítica; Rendón, dibujando la palabra de Quevedo:

                      Érase un hombre a una nariz pegado…

La naturaleza del arte se acerca al espíritu, en múltiples encuentros, como el niño, desde su cuarto con miedo en su corazón, buscando el regazo en el cuarto continuo. Décadas atrás, en Paris, jóvenes que visitaban el café Plombier—pintores, dibujantes, escritores, poetas—, en entornos bohemios, de discusión, buscaban el trazo preciso, la palabra precisa: Pluk, anda pidiendo a la luz el color real de la almendra, el color hechizado del agua, en su propia casa. A veces, desde su cama, colorea el rumor inconcluso que viene de afuera. De todos los colores de Bucaramanga, como el griego, Pluk tiene derecho a reposarlos en la paleta. Al igual queChateaubriand, Jim describe sitios, se vale de otros ojos, viaja, por decirlo así, en torno a los libros, a los periódicos. Podemos decir, al final, que  su fluidez, poblada de luz, se eleva, a veces, más allá de un poeta de verso escrito. Sus inventarios musicales cobran vida, vagosprenuncios de sus búsquedas.

En “Pipe el punk”, la música trastrabilla, se desarrolla en una juventud de ruidos, preludio a una inocencia que habita a los más subversivos. En las escenas, Jim, escribe las letras de las canciones, es decir, Pipe, al lado de su mascota. Ambos intentan ser, engendrando otros cultos, dos punkeros.

Tras la lectura de Jim, las obras son la realidad de todos los días. Imágenes de la ciudad en vidrios, en paredes, paisajes de sombras y luces. Papel en que, con fino pulso, yuxtapone las virtudes de un dibujante. Al igual que El Roto, Jim dibuja a diario. Esa es, sin duda, la capacidad creativa del artista de oficio. Jim, dibuja al trote, hora a hora.  “Isla Kika”, un comic de 22 páginas, bajo un sentido animalista, que  dibujó en 24 horas en el evento: Les 24 heures de la BandeDessinée, son formas del fulgor imaginario que posee.El artista, arrogado a los trazos, rastrea su naturaleza, a veces enredada, a veces en una variedad apacible y  encuentra en su espíritu seres y cosas que se disputan los palmos de espacio.

JimPluk, poseedor de un ritmo, al igual que la luciérnaga, centellea. Posee una propuesta latinoamericana de concepto al lado de Aberto Montt, Perú; Power Paola, Quito; Richard Zela, Mexico; Dipacho, Colombia. Poco a poco, acontece su fábula, donde la realidad amanece de un color. Al contrario del personaje, viejo y jorobado, con pata de palo, de Paul Claudel,  Jim dibuja y piensa en la pintura. Don Rodrigo le dicta a Daibutsu, su dibujante: “La virgen, sentada se apoya en la columna derecha, vestida de azul oscuro. Sobre su pecho, donde no haya color, sólo se vea una manita de un niño, bien dibujada a pluma.” Jim traduce todo su lenguaje a trazos propios: él mismo dicta y edifica su obra concluyendo en Rayito, en Pecas, en Josefina, en Susurros. Busca, en el gesto del papel, la línea que reemplace el verbo, como el río que se tuerce buscando el camino antiguo.

Cuando contemplo los trabajos de JimPluk vuelvo al antiguo patio, donde niños, dibujábamos con carbones, cada uno, soles y barcos, hombres y lluvias. Siempre hacía la palmera que me enseñó mi mamá en los cuadernos de mi hermana. La palma, firme, larga, era lo primero que trazaba: espigas y rayitas. Después iba llenando el espacio con garabatos. Testigo, el patio, de aquella sencillez infantil, se abría bajo la sombra de los almendros.Jim, anida en el papel los borrones de la lluvia. Tiene la facilidad de trazar como un niño: sonrojándose y asombrado. Ya se entiende, pues, que el arte de la sencillez es la dicha y la inocencia de pintar como niños, esos niños de colores que habitan los colores. 

 



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